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Los principales retos de un facility manager

Presión de presupuesto, edificios que envejecen y una operativa que no se puede parar mientras se ejecutan las obras.

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Pasillo de almacén con estanterías de palés visto desde el suelo

A un facility manager se le pide que mantenga en marcha un edificio industrial, logístico o comercial, lo que parece un trabajo y en realidad son cinco, cada uno tirando en una dirección algo distinta. Estas son las formas que suelen tomar esas presiones.

1. Un mantenimiento que se planifica, no que se descubre

El primer reto es que el mantenimiento preventivo y el correctivo vayan por delante de los acontecimientos, en instalación eléctrica, clima, puertas, suelo y la propia estructura. Un fallo en cualquiera de ellos para el trabajo, y el coste de la parada es casi siempre mayor que el de la reparación que la habría evitado.

Lo que ayuda es conocer el estado de los activos y no su antigüedad: registros de inspección que se mantengan de verdad al día, sensores en los equipos cuyo fallo sale caro y un sistema de mantenimiento que avise de lo que toca antes de que alguien oiga un ruido raro.

2. Coste, sin sacarlo en silencio de la seguridad

Todo presupuesto de instalaciones está apretado, y buena parte de esa presión es legítima. La dificultad es que los ahorros fáciles son los que enseñan sus consecuencias más tarde: una inspección aplazada, una reparación hecha dos veces por haberla hecho barata, una iluminación que se deja como está porque cambiarla es inversión y no gasto corriente.

Los ahorros que resisten un análisis son los que tienen un mecanismo detrás, como una instalación que consume menos vatios para el mismo lux a nivel de suelo, o un cambio de layout que elimina movimientos de manipulación en vez de hacerlos más rápidos.

3. Una normativa que no se está quieta

Las reglas de seguridad laboral y de medio ambiente cambian, y cambian a velocidades distintas en cada país. Para quien lleva una sola planta es manejable. Para quien lleva plantas en tres países es un trabajo de documentación, y el riesgo no suele ser desconocer la norma, sino dar por hecho que es la misma que ya se conoce.

Ahí entran la inspección de estanterías, el marcado de suelos, el alumbrado de emergencia, la sectorización contra incendios y el trabajo en altura, y cada uno tiene su lectura nacional de una norma europea.

4. Tecnología que tiene que ganarse el sitio

La automatización y la digitalización llegan a los edificios industriales más tarde de lo que sugiere el discurso comercial, y las partes útiles entran sin ruido: un sistema de gestión que muestra el consumo por zonas, sensores en los activos cuyo fallo es caro, plataformas que permiten revisar una planta sin conducir hasta ella.

La pregunta que merece la pena hacerle a cada una es qué decisión va a cambiar. Un cuadro de mando sobre el que nadie actúa tiene coste y no tiene retorno.

5. Energía, y el reporte que viene detrás

La eficiencia energética ha dejado de ser una mejora opcional para convertirse en algo que hay que medir y reportar. Eso abarca iluminación, estrategia de climatización, aislamiento y la forma en que se usa el edificio, y funciona mejor cuando la medición va primero: una línea base de consumo, después el cambio, y después la misma medición otra vez.

El que casi nunca aparece en la lista

Hay un sexto, y es el que más tiempo cuesta. Casi cualquier mejora de una nave implica varios oficios y varios proveedores, a menudo en países distintos, cada uno con su plazo, su seguro y su idea de cuándo ha terminado. Montar y perseguir esa lista es una labor de dirección de proyecto que cae sobre el facility manager encima de todo lo anterior.

Esa es la parte que asume Rejuva. Planificamos el trabajo, traemos a los especialistas de cada disciplina, los coordinamos contra una única planificación y devolvemos un edificio en marcha, de modo que la coordinación esté de nuestro lado y no en tu agenda.

¿Tiene un proyecto en mente?

Describa qué hay que hacer en la nave y volvemos con un planteamiento, el especialista que lo ejecutaría y un presupuesto con el que pueda trabajar.